jueves, 17 de abril de 2014

Sobrevivir y sobremorir

Los que sobrevivimos a los campos de concentración no somos verdaderos testigos. Esta es una idea incómoda que gradualmente me he visto obligado a aceptar al leer lo que han escrito otros supervivientes, incluido yo mismo, cuando releo mis escritos al cabo de algunos años. Nosotros, los supervivientes, no somos sólo una minoría pequeña sino también anómala. Formamos parte de aquellos que, gracias a la prevaricación, la habilidad o la suerte, no llegamos a tocar fondo. Quienes lo hicieron y vieron el rostro de la Gorgona, no regresaron, o regresaron sin palabras.
Primo Levi
Citado por E. Hobsbawm en Historia del siglo XX, 1994.

Maus, de Art Spiegelman, 1986.

miércoles, 16 de abril de 2014

Día de campo (no picnic)

Hoy volví al campo. No me refiero a algún lugar rural (donde también estuve, por cierto, el fin de semana), sino en el sentido antropológico, es decir, el hábitat natural/construido de este oficio, lugar de encuentros y desencuentros personales, cemento y ladrillo de la teoría.

Después de dejarlo botado por unos meses, volví a los jardines infantiles donde estoy desarrollando mi maldita tesis, y fui recibido con brazos abiertos. Me reprocharon un poco por lo ingrato, y con justa razón, pero de ahí el resto fue puro fluir y trabajar.

Lo que son las cosas. Yo, tipo silencioso, evasivo, y socialmente ansioso, paradójicamente encuentro algo de relajo en el intercambio de palabras, de sonrisas, de favores. Hacer cosas (objetos), usar las manos, limpiar, etc.

Quién sabe, quizá después de todo me gusta el oficio que escogí (o en el que fui a caer como ratón en balde). O quizá sea que en esta pasada he tenido la suerte de trabajar con estas educadoras, personas maravillosas, orgullosas y apasionadas con su labor. Y con los niños y sus mamás, por cierto, que son puro amor.

Hoy fue un buen día.

¡Aguante la antropología y aguante la gente!

Y por si me quedo corto con la cursilería, cerraré con una carita feliz:

:)

Ni sociedades segmentarias, ni sociedades sin estado: sociedades y estados disidentes

Un estudio epistemológico más detallado de los refinamientos tipológicos que siguieron a la publicación de Sistemas Políticos Africanos nos lleva a ver que en el África precolonial no existían sociedades sin estado per se. Las sociedades consideradas como tales eran en realidad estados disidentes. Eran sociedades que, en el curso de su historia, fueron separadas artificialmente de su centro o de sus formaciones políticas y cuyos aparatos centralizados desaparecieron a causa de la conquista europea. Si la ficción de la existencia de las sociedades segmentarias pudo ser perpetuada por tanto tiempo como lo fue en la antropología, fue porque los estados africanos precoloniales tenían todas las periferias proveedoras de esclavos que constituían zonas de amortiguación entre cada entidad política y, en consecuencia, parecían no tener fronteras claramente definidas. En las zonas de débil control político situadas en los márgenes de cada reino, existían sociedades satélites, a las que se usaba caracterizar como segmentarias.
Jean-Loup Amselle
Mestizo Logics: Anthropology of Identity in Africa and Elsewhere (1998)

miércoles, 9 de abril de 2014

“Si no quieres que el arte y la pintura te decepcionen, mejor que no se te ocurra verlos como una profesión. Por mucha habilidad y condiciones que tengas, busca el dinero y el poder en otro lugar, de manera que, al no recibir la justa compensación por tu habilidad y tu trabajo, no llegues a odiar el arte.”

Orhan Pamuk
Mi nombre es Rojo (1998)

lunes, 31 de marzo de 2014

Walter Ohnen y el Molino Rahue: la subversión del logotipo

Una de las cosas características de vivir en Osorno, pero que pasa totalmente desapercibida a pesar de su virtual omnipresencia, es la harina Molino Rahue. Nuestras madres, tías y abuelas conocen la calidad de este producto, y este conocimiento lo heredamos quienes amasamos y hacemos pan en casa. Si vamos a otras ciudades, pocas veces tenemos la fortuna de encontrarnos con la tradicional A circulada en los estantes, debiendo resignarnos a usar Mariposa, Selecta, Tahona o marcas de supermercados.

Caja de fósforos. Imagen de juanjoines.
Precisamente es de este logotipo que trata esta historia. Es sabido que los símbolos cambian a través del tiempo, no solo en su apariencia física, sino en el sentido que comportan, muchas veces especificándose, adquiriendo un significado propio, emancipándose de su propósito expresivo original.

La A circulada del Molino Rahue no escapa a esta regla. Lo que hoy es un dibujo banal, en la década del treinta era el estandarte cotidiano del anarquismo que profesaba su creador, el viejo Walter Ohnen.

domingo, 30 de marzo de 2014

No somos nada

Hoy casi me atropella un ciclista. Yo iba a cruzar la calle, miré a un lado y no venir ningún vehículo, pero doy un paso y ¡fum! Su codo llegó a rozar la punta de mi nariz. Pensar que a esta hora podría estar con un TEC cerrado, un pie enyesado o algo peor, no quiero ni pensar... No somos nada.

El infortunio acecha a la vuelta de la esquina. En cualquier momento, un mal paso, una caída, una chispa, un error de cálculo, un tornillo, un bocado que se va por el camino viejo... No somos nada.

Un rato estoy cantando en la ducha, enjabonándome alegremente las presas, disfrutando el chorro tibio que me corre por la espalda, y en cosa de un segundo podría resbalarme, golpearme en la cabeza e irme a negro. Cosas así pasan todos los días... No somos nada.

Imagínate que a seis cuadras de acá, dos narcos se estén batiendo a tiros. Una bala se arranca, vuela libre hasta tu casa, sin tocar tu puerta, la atraviesa y te llega en el pecho, medio a medio en el esternón... No somos nada.