viernes, 13 de enero de 2012

desvarío chiquitito

De repente pienso que el único lenguaje éticamente posible es el del juego y la creación, especialmente en la forma del hueveo, el absurdo y el surrealismo. Hablar con un exceso de conciencia, en cambio, puede llegar a ser sumamente arrogante y, por ello, violento.
Para quienes procuran/procuramos decir (o escribir) algo "importante", el lenguaje y la gramática que impone a la realidad es una jaula que traiciona sus intenciones. En cambio, un tropiezo de la lengua, un lapsus o una confusión disléxica pueden (y suelen) abrir nuevos espacios de realidad, campos espontáneos y efímeros de libertad.
Lenguajear*, jugar y huevear.

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* Lenguajear es un verbo acuñado al parecer por Humberto Maturana, refiriéndose a no sé qué chucha, pero creo haberlo oído primero del poeta Sergio Mansilla.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Re che: somos personas y punto

Guillaume Boccara, al referirse a la etnogénesis del pueblo mapuche, retoma la denominación consignada por el sacerdote Luis de Valdivia a fines del siglo XVI como reche, que para él viene a significar gente o pueblo "auténtico o verdadero". En efecto, el término re significa "puro", con las diversas connotaciones que eso conlleva ("original", "verdadero"), y seguramente fue lo primero que los mapuches debieron responder a los españoles que les empezaron a preguntar quiénes eran ellos. "La gente pura", habrían contestado, "reche." Sin embargo, es posible que este supuesto etnónimo haya surgido de una historia más anecdótica, y que creo que es lo que ocurrió, dando lugar a la teoría de Boccara.

Para esto hay que volver sobre la palabra re, que es traducido como "puro" o "auténtico". Sin embargo otra de sus acepciones es lo que en castellano viene a ser el adverbio "sólo" o "solamente". Y a partir de aquí es que el etnónimo sugerido por Boccara cobra otro significado, y que junto con el término "che" (persona, gente, pueblo), pasa a ser: "sólo personas" o "gente solamente". Así, con la singular extrañeza con que reaccionaron los españoles frente a pueblos tan diferentes a ellos, más de alguna vez se preguntaron si los "naturales de América" serían personas. Basta recordar las intensas discusiones sobre las cualidades espirituales de los indios y la posesión de un "alma".

Y sí, los mapuches sí se consideraban personas, y punto. No eran ni indios, ni primates pseudohumanos, ni dioses. Y tampoco parecen haber considerado a los españoles como otra cosa. A diferencia de otros lugares, y en especial en las civilizaciones estatales precolombinas, en que fueron considerados encarnaciones divinas, entre los mapuches no proliferan relatos de cómo los españoles montados a caballo eran confundidos con seres poderosos mitad hombre mitad bestia, sino que hay un claro reconocimiento de otras personas que invaden el territorio violentamente, pero personas al fin.

Quizá subyace a esto la vocación segmentaria de la sociedad mapuche, en el sentido de que pueblos con diversos estilos de vida (lafkenche, williche, pikunche, veliche, entre otros), entablaban toda clase de relaciones, conservando sus particularidades, pero compartiendo un cierto trasfondo ideológico y religioso, así como relaciones políticas y económicas en igualdad de condiciones. Así, el otro no es tan ajeno, sino que, a pesar de tener diferentes costumbres y apariencias, tanto uno como otro comparten la condición fundamental de ser humanos. El otro no se construye como el opuesto o como la demarcación externa de lo propio, sino que se incluye en relación con éste para pasar a conformar el territorio común (territorio imaginario, ideológico, histórico, ritual, de intercambio económico, de alianza política, etc.).

Por tanto, "reche" es más una respuesta a la improcedente pregunta de "¿quiénes son ustedes?". ¿Cómo se hacen llamar ustedes? Personas nomás, gente. Re che. Una respuesta que suena algo errática, pero que en su extrañeza deja en claro que no hay necesidad de clasificaciones excluyentes para personas y pueblos con diversos modos de vida.

El término reche con que se autodenominaban los antiguos mapuches no era una prerrogativa de superioridad de los antiguos mapuches según entendieron personas como Luis de Valdivia o quizá el mismo Boccara, sino que entraña la comprensión de que pese a la diversidad de rostros, persiste una condición ontológica de pueblos que viven en relación mutua, y que es en estas redes, en este territorio común de convivencia en la diversidad, en donde las personas y los pueblos se constituyen como tales.

lunes, 3 de octubre de 2011

la liebre y la zorra

corre la liebre por los pasillos selvados
a mil por hora
despreocupada
libre de penas
como un chucao con diez mil alas
o el primer beso del adolescente
fumando el tiempo
tras el muro abandonado

de pronto: la zorra
la liebre no se lo esperaba
pero sus patas reaccionan de inmediato
y parte como una flecha
vuela entre los arbustos

se enciende el sotobosque
el zigzag de la muerte
el ojo aprovecha las fisuras de la hierba tupida
desgarrando el universo en ángulos prodigiosos
ni que fueran culebras

son como ochomilquinientasdoce horas
de pura correría
contadas en mi certero reloj
con mecanismo basado en el tambor yugular

pero no hay justicia, señor
ni mucho menos injusticia, señorita
y he aquí que pasa lo que habría de pasar:
se encoge la distancia entre las bestias
y la liebre alcanza a la zorra

de un manotazo le hiere la esperanza
con un mordisco le remata la vida
no la salva ni la luna
ni el guachi de alambre
ni el perdigón del cazador
la muerte se descubre la cara
como el verdugo ante su esposa

así nomás es la historia
o fábula, cuento, chisme, tragedia
la liebre caza a la zorra
como pasó un par de veces en el monte
ayer y anteayer
y los ayeres del anteayer

no sé si mañana esto seguirá pasando
de no, no quisiera ser la liebre
pero de sí, seguirá doliendo el destino de la zorra

jueves, 28 de julio de 2011

mini-ontología

El mundo vibra cuando lo hablamos, porque solo existe en nuestros ojos y en nuestra memoria.

domingo, 5 de junio de 2011

lo mojado y lo salado

el tiempo es mojado
en las alas del buitre
en la quilla de coigüe

será por eso que yo sigo aquí
parado al borde del malecón
y tú más allá
cautiva en la marejada
guardando en tus ojeras
una pena amarga y pollerúa

el tiempo es mojado
aunque pensándolo bien
también es salado

los labios se me parten
esperando
y el miocardio se tensa
atento a la resaca

la mar se pica a ratos
y azota contra el roquerío
petacas de ron abuelo
vacías y mugrosas
con el pico desangrado

vuelve, negra, te lo ruego
los críos lloran todo el día
y el perro ya ni ladra

bórrame de la cara
los moretones del trago
y echemos las costras por la borda
aunque vivamos mojados
y salados