jueves, 6 de mayo de 2021
sábado, 13 de abril de 2019
Hans le preguntó o se preguntó a sí mismo en voz alta (era la primera vez que hablaba) qué pensarían aquellos que vivían o frecuentaban la quinta dimensión. Al principio el director no le entendió del todo, pese a que el alemán de Hans había mejorado mucho desde que se fue con las brigadas camineras y más aún desde que vivía en Berlín. Luego captó la idea y dejó de mirar a Halder y a Nisa para concentrar su mirada de halcón o de águila o de buitre carroñero en los ojos grises y tranquilos del joven prusiano, que ya estaba formulando otra pregunta: ¿qué pensarían los que tenían acceso libre a la sexta dimensión de aquellos que se instalaban en la quinta o en la cuarta dimensión? ¿Qué pensarían los que vivían en la décima dimensión, es decir los que percibían diez dimensiones, de la música, por ejemplo? ¿Qué era para ellos Mozart? ¿Qué era para ellos, Bach? Probablemente, se contestó a sí mismo el joven Reiter, sólo ruido, ruido como de hojas arrugadas, ruido como de libros quemados.
En ese momento el director de orquesta levantó una mano en el aire y dijo o más bien susurró confidencialmente:
—No hable de libros quemados, querido joven.
A lo que Hans respondió:
—Todo es un libro quemado, querido director. La música, la décima dimensión, la cuarta dimensión, las cunas, la producción de balas y fusiles, las novelas del oeste: todo libros quemados.
—¿De qué habla? —dijo el director.
—Sólo daba mi opinión—dijo Hans.
—Una opinión como cualquier otra —dijo Halder que intentó, por si acaso, poner un punto final jocoso, que no le enemistara con el director ni que enemistara a éste con su amigo—, una típica intervención de adolescente.
—No, no, no —dijo el director—, ¿a qué se refiere cuando habla de novelas del oeste?
—A novelas de vaqueros.
[Roberto Bolaño, 2666]
domingo, 30 de octubre de 2016
Imposibles III
Hace un par de años, una noche cualquiera de primavera, antes de acostarme me tomé una taza de hierba de San Juan porque no quedaba té y no quería tomar café. Esa noche tuve uno de esos sueños con una historia larga y muy detallada. No voy a entrar a contarlo porque habían varias cosas que me da vergüenza revelar, pero lo más interesante fue que inventé música. Otras veces también había soñado algo así, y supongo que esto es algo más o menos común en muchas personas. Lo interesante, entonces, no es que haya inventado música en un sueño, sino que cuando desperté, pude recordarla y atiné a retener la melodía. Bueno, creo que esto tampoco es tan interesante. Grandes canciones, como el "Yesterday" de los Beatles, tienen su origen en los sueños de sus autores. Mi melodía no era ninguna genialidad, pero sí era entrete saber que a veces uno se puede traer un recuerdo de otro mundo que visitó, como esa historia del tipo que soñó con el Paraíso y despertó con una flor en la mano o algo así. Prendí mi computador y la anoté en el Guitar Pro con algo de dificultad porque en realidad era dos melodías: una principal y una base de bajo. La toqué después unas pocas veces en la guitarra y pronto me olvidé.
Unos meses después escuché en un colectivo una canción equis, buena onda pero olvidable como cualquier ruido ambiental, de no haber sido porque a los pocos segundos se me hizo familiar. Era mi melodía, la que había soñado y escrito. Oye... ¡Oye! No podía ser. ¿Algo puede ocurrir dos veces en lugares y tiempos distintos? O sea, yo creo que sí, el tiempo y el espacio son tan inmensos que incluso puede haber existido o existir en el futuro alguien con el mismo ADN que yo, pero, ¿cuál es la probabilidad de coincidir y de que uno se de cuenta de ello?
Memoricé un pedazo en inglés que entendí para buscarlo después en internet. Cuando llegué a mi casa y busqué la letra, resulta que era una canción de Taylor Swift, una cantante estadounidense cuyo nombre había visto pero a quien nunca había puesto atención. La canción era "Shake it off". Busqué la fecha de lanzamiento. Era reciente, meses después de mi sueño. Increíble. Claro, era la misma melodía, con su tono pop, evidentemente, al contrario de mi versión más oscura y sin letra, pero la línea melódica, con el bajo incluido, estaba ahí, replicada de manera exacta.
He vuelto a soñar con música inventada un par de veces, pero no he alcanzado a recordarla. Y una vez soñé con Taylor Swift, pero eso no me da vergüenza contarlo: era una amiga que me prestaba un libro sobre insectos. A veces uno sueña cada cosa.
sábado, 27 de febrero de 2016
Película: The revenant (2015)
A un año de su laureada Birdman (2014), el mexicano Alejandro González Iñárritu vuelve a romperla con esta historia de venganza ambientada en el Medio Oeste de EEUU de inicios del siglo XIX. The revenant está basada en una novela histórica homónima escrita por Michael Punke.
La trama no tiene nada del otro mundo: Hugh Glass (Leonardo DiCaprio), gran conocedor del territorio aún resistido por las tribus indígenas, guía una malograda expedición de traficantes de pieles de vuelta a su poblado. Sin embargo, en el camino se cruza con una mamá osa que lo ataca y lo deja hecho bolsa. John Fitzgerald (bacán el Tom Hardy) es el encargado de llevarlo de regreso, pero lo traiciona, abandonándolo a su suerte (o a su muerte) en el más inhóspito de los terrenos, a merced de los elementos y de los hostiles indios de parcialidades antagónicas. Lo que sigue es la lucha de Glass por sobrevivir y regresar en busca de la venganza contra el maldito Fitzgerald.
La historia no se ve compleja. De hecho es lineal y bien concreta. Sin embargo, cautiva por su acción de motivación dramática. En un páramo tan helado como éste, la venganza se sirve caliente, sin maquinaciones, frente a frente y con las propias manos. El viaje de Glass es más sufrido que la cresta, siempre a punto de morir pero con unas dotes de sobrevivencia que ya se las quisiera Rambo, casi a punto de romper el cordón de lo verosímil, pero bueno, es una película.
También cautiva de manera especial por su composición visual, que hace la mitad de la película. Emmanuel “Chivo” Lubezki vuelve a copilotear con González Iñárritu, sacándole el jugo con su espectacular fotografía a los paisajes devoradores (la escena que abre me gustó caleta), a los rostros diversos, a la interpretación física de Dicaprio y a las densas visiones y sueños de Glass mientras navega por el limbo.
Más allá de esto, que ya la hacen una buena película, lo que encontré interesante fue el retrato de época. Por ahí la he visto etiquetada como un western, y si nos atenemos a una definición mínima del género como cualquier historia ambientada en el Medio o el Lejano Oeste estadounidense del siglo XIX, entonces, ya, podríamos decir que es un western. Le lleva aventura, le lleva indios, rifles y pistolas, y no le lleva vaqueros pero sí hombres blancos enfrentados al desierto, esta vez blanco, gélido y montañoso. Sin embargo, sería un western bien especial, de un naturalismo histórico muy fino. La línea que divide a buenos y malos se difumina en la bruma de la sobrevivencia, mostrándonos que sólo son indios y blancos (en definitiva: personas) que se juegan la vida en un campo helado, inhóspito más que por su fisionomía, por los vectores políticos que los han colocado en confrontación mutua atendiendo a razones que subordinan el ser al poder. Incluso Fitzgerald, el malo de la película por excelencia, no es más (ni tampoco menos) que un raído y mísero cazafortunas que cambia su vida por la vaga promesa imperial del botín individual.
Otro tema que me gustó fue la figura del mestizo. Éste descoloca el esquema colonial, es una aberración que escapa al pensamiento binario. Pero decir que escapa es impreciso. Es al revés: es el pensamiento colonial el que busca escapar de la realidad ineludible del mestizo. Hawk, el hijo mestizo de Glass, en todo momento es mirado con sospecha, sentimiento que también se traspasa a su padre, que por su intensa relación con el mundo indígena se convierte en un enemigo potencial que puede traicionarlos en cualquier instante, desatando las fuerzas bárbaras sobre sus congéneres blancos. Pero ambos están ahí, moreno y morenizado en el mismo equipo de los blancos, mano a mano contra el monte. Intentan negarlos pero estan ahí en frente. Intentan eliminarlos pero siempre surgirán más, porque al superponer los mapas sobre el territorio humano, éste siempre será fronterizo. Los humanos siempre nos corremos y nos colamos por las fisuras, y toda racionalización va corriendo atrasada y jadeando detrás de los hechos.
De esta manera, si desnudamos sólo la ambientación humana de la película, ya hay allí una interpretación sobre la época de expansión de la llamada “frontera” estadounidense, que por cierto es bien similar a la que se dio en todo el continente. El estado-nación consolida su propia ficción por medio de la fuerza, la cual, lejos de ser una mano oscura alojada en altos despachos, opera sobre y por medio de los cuerpos. Los sujetos actúan y son actuados por la historia, o más bien por las historias entrecruzadas en trayectorias infinitas que corren como culebras por el suelo de lo cotidiano.
No deja de ser interesante que un latino haya tenido que ir a contarles a los estadounidenses su propia historia nacional en formato de película taquillera. Yo creo que el rupturismo de su visión recae tanto en la agudeza de la obra como en los silencios selectivos de la industria cultural hegemónica. Por esto mismo, me queda la duda de si será éste el tipo de lectura que hará la audiencia, incluso acá en Chile, que comparte tantos rasgos en su conformación histórica. En otra onda similar, recuerdo que actualmente está en preparación una película sobre Lautaro. Ojalá salga algo güeno de eso.
La trama no tiene nada del otro mundo: Hugh Glass (Leonardo DiCaprio), gran conocedor del territorio aún resistido por las tribus indígenas, guía una malograda expedición de traficantes de pieles de vuelta a su poblado. Sin embargo, en el camino se cruza con una mamá osa que lo ataca y lo deja hecho bolsa. John Fitzgerald (bacán el Tom Hardy) es el encargado de llevarlo de regreso, pero lo traiciona, abandonándolo a su suerte (o a su muerte) en el más inhóspito de los terrenos, a merced de los elementos y de los hostiles indios de parcialidades antagónicas. Lo que sigue es la lucha de Glass por sobrevivir y regresar en busca de la venganza contra el maldito Fitzgerald.
La historia no se ve compleja. De hecho es lineal y bien concreta. Sin embargo, cautiva por su acción de motivación dramática. En un páramo tan helado como éste, la venganza se sirve caliente, sin maquinaciones, frente a frente y con las propias manos. El viaje de Glass es más sufrido que la cresta, siempre a punto de morir pero con unas dotes de sobrevivencia que ya se las quisiera Rambo, casi a punto de romper el cordón de lo verosímil, pero bueno, es una película.
También cautiva de manera especial por su composición visual, que hace la mitad de la película. Emmanuel “Chivo” Lubezki vuelve a copilotear con González Iñárritu, sacándole el jugo con su espectacular fotografía a los paisajes devoradores (la escena que abre me gustó caleta), a los rostros diversos, a la interpretación física de Dicaprio y a las densas visiones y sueños de Glass mientras navega por el limbo.
Más allá de esto, que ya la hacen una buena película, lo que encontré interesante fue el retrato de época. Por ahí la he visto etiquetada como un western, y si nos atenemos a una definición mínima del género como cualquier historia ambientada en el Medio o el Lejano Oeste estadounidense del siglo XIX, entonces, ya, podríamos decir que es un western. Le lleva aventura, le lleva indios, rifles y pistolas, y no le lleva vaqueros pero sí hombres blancos enfrentados al desierto, esta vez blanco, gélido y montañoso. Sin embargo, sería un western bien especial, de un naturalismo histórico muy fino. La línea que divide a buenos y malos se difumina en la bruma de la sobrevivencia, mostrándonos que sólo son indios y blancos (en definitiva: personas) que se juegan la vida en un campo helado, inhóspito más que por su fisionomía, por los vectores políticos que los han colocado en confrontación mutua atendiendo a razones que subordinan el ser al poder. Incluso Fitzgerald, el malo de la película por excelencia, no es más (ni tampoco menos) que un raído y mísero cazafortunas que cambia su vida por la vaga promesa imperial del botín individual.
Otro tema que me gustó fue la figura del mestizo. Éste descoloca el esquema colonial, es una aberración que escapa al pensamiento binario. Pero decir que escapa es impreciso. Es al revés: es el pensamiento colonial el que busca escapar de la realidad ineludible del mestizo. Hawk, el hijo mestizo de Glass, en todo momento es mirado con sospecha, sentimiento que también se traspasa a su padre, que por su intensa relación con el mundo indígena se convierte en un enemigo potencial que puede traicionarlos en cualquier instante, desatando las fuerzas bárbaras sobre sus congéneres blancos. Pero ambos están ahí, moreno y morenizado en el mismo equipo de los blancos, mano a mano contra el monte. Intentan negarlos pero estan ahí en frente. Intentan eliminarlos pero siempre surgirán más, porque al superponer los mapas sobre el territorio humano, éste siempre será fronterizo. Los humanos siempre nos corremos y nos colamos por las fisuras, y toda racionalización va corriendo atrasada y jadeando detrás de los hechos.
De esta manera, si desnudamos sólo la ambientación humana de la película, ya hay allí una interpretación sobre la época de expansión de la llamada “frontera” estadounidense, que por cierto es bien similar a la que se dio en todo el continente. El estado-nación consolida su propia ficción por medio de la fuerza, la cual, lejos de ser una mano oscura alojada en altos despachos, opera sobre y por medio de los cuerpos. Los sujetos actúan y son actuados por la historia, o más bien por las historias entrecruzadas en trayectorias infinitas que corren como culebras por el suelo de lo cotidiano.
No deja de ser interesante que un latino haya tenido que ir a contarles a los estadounidenses su propia historia nacional en formato de película taquillera. Yo creo que el rupturismo de su visión recae tanto en la agudeza de la obra como en los silencios selectivos de la industria cultural hegemónica. Por esto mismo, me queda la duda de si será éste el tipo de lectura que hará la audiencia, incluso acá en Chile, que comparte tantos rasgos en su conformación histórica. En otra onda similar, recuerdo que actualmente está en preparación una película sobre Lautaro. Ojalá salga algo güeno de eso.
miércoles, 10 de febrero de 2016
Película: The experiment (2010)
El experimento es un thriller estadounidense del 2010 que actualiza en un relato moderno el infame experimento de la cárcel de Stanford.
En general la encontré decente, aunque ciertas debilidades del guión, ciertos personajes planos y el tono casi groseramente moralizante en la voz del personaje de Adrien Brody (en su típica estampa melancólica) la alejan de lo que podría ser una entrega más profunda sobre el tema. Entre mis principales problemas con la película están: que la moraleja se entrega ya digerida, la exagerada evolución del personaje de Forest Whitaker, la licencia mal plasmada que explica la ausencia de los científicos y la insoportable unidimensionalidad del guardia malo Chase. Este último punto es especialmente problemático porque una de las lecciones del experimento es que la semilla del mal está latente en todas las personas, lista para germinar si se le inviste de una autoridad legitimada. En el caso de Chase, y por lo que vemos en su entrevista previa, ya era un hueón violento, así que no es una sorpresa que como gendarme siga siéndolo. Pese a ello, sí hay otros personajes que nos permiten observar las solidaridades que se escurren entre las líneas autoritarias, y el manejo de la disidencia por parte del grupo en el poder.
En general la encontré decente, aunque ciertas debilidades del guión, ciertos personajes planos y el tono casi groseramente moralizante en la voz del personaje de Adrien Brody (en su típica estampa melancólica) la alejan de lo que podría ser una entrega más profunda sobre el tema. Entre mis principales problemas con la película están: que la moraleja se entrega ya digerida, la exagerada evolución del personaje de Forest Whitaker, la licencia mal plasmada que explica la ausencia de los científicos y la insoportable unidimensionalidad del guardia malo Chase. Este último punto es especialmente problemático porque una de las lecciones del experimento es que la semilla del mal está latente en todas las personas, lista para germinar si se le inviste de una autoridad legitimada. En el caso de Chase, y por lo que vemos en su entrevista previa, ya era un hueón violento, así que no es una sorpresa que como gendarme siga siéndolo. Pese a ello, sí hay otros personajes que nos permiten observar las solidaridades que se escurren entre las líneas autoritarias, y el manejo de la disidencia por parte del grupo en el poder.
La violencia en esta película es bien gráfica, alimentada además por el trasfondo psicológico de los “apremios físicos” y el ambiente de jaula de hierro. Algunos podrían pensar que se apoya demasiado en la provocación con las escenas de torturas, pero hay que recordar que no son gratuitas por la naturaleza del tópico abordado.
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| Chase culiao chato |
Con todo, las implicancias de la historia real (cuya sola lectura es tan aterradora como su versión cinematográfica) son tan complejas y comprometedoras que hacen de ésta una película llamativa que anima a querer verla hasta el final.
martes, 9 de febrero de 2016
Película: The descent (2005)
He fallado miserablemente en mi manda de comentar las películas que voy viendo. Sin ánimo de enmendar lo irremediable, voy a dedicarle unas palabras a The descent. Es una película británica de terror del 2005, que en pocas palabras, narra el descenso de un grupo de amigas adeptas a los deportes extremos a una caverna desconocido... Con esto uno ya sabe para dónde va la cosa, vaticinio que se cumple con creces, porque empiezan a pasar cosas malas, muy malas y peores.
Se me hace difícil comentar sin revelar la gran sorpresa que tiene el argumento, así que partiré por recomendarla. Si se busca una película de miedo, ésta es de las pocas piolas que están saliendo (aunque estamos hablando de diez años atrás). La película es efectiva en el terror debido principalmente y en un comienzo a su ambiente claustrofóbico. Por lo general la orografía es el antagonista de estos filmes. Los accidentes, la desesperación, las malas decisiones de sus protagonistas enojan un poco, pero aparte de esto y de los típicos sustos sopresivos (que pueden molestar a algunos pero que igual los hacen saltar), la película provoca una sensación general de desazón que impregna el visionado de principio a fin. Además de esto, la historia previa que inaugura la película le da una densidad más verosímil que otras del género, tanto por su cariz trágico como por la alegre camaradería de las amigas.
Las emociones son efímeras pero auténticas si uno se deja llevar por el cuento, como se debería hacer siempre que leemos, miramos o escuchamos una historia. No se trata de darle ventaja o compasión porque sí, sino de dejarse acunar por ella para que te empiece a apretar la guata y a darte esas cachetadas que uno tanto desea.
(A continuación posibles spoilers)
Se me hace difícil comentar sin revelar la gran sorpresa que tiene el argumento, así que partiré por recomendarla. Si se busca una película de miedo, ésta es de las pocas piolas que están saliendo (aunque estamos hablando de diez años atrás). La película es efectiva en el terror debido principalmente y en un comienzo a su ambiente claustrofóbico. Por lo general la orografía es el antagonista de estos filmes. Los accidentes, la desesperación, las malas decisiones de sus protagonistas enojan un poco, pero aparte de esto y de los típicos sustos sopresivos (que pueden molestar a algunos pero que igual los hacen saltar), la película provoca una sensación general de desazón que impregna el visionado de principio a fin. Además de esto, la historia previa que inaugura la película le da una densidad más verosímil que otras del género, tanto por su cariz trágico como por la alegre camaradería de las amigas.
Las emociones son efímeras pero auténticas si uno se deja llevar por el cuento, como se debería hacer siempre que leemos, miramos o escuchamos una historia. No se trata de darle ventaja o compasión porque sí, sino de dejarse acunar por ella para que te empiece a apretar la guata y a darte esas cachetadas que uno tanto desea.
(A continuación posibles spoilers)
martes, 19 de enero de 2016
Libros abominados
Hace tiempo quería declarar mi odio profundo contra algunos libros. Si no me gustaron y los seguí leyendo, ¿cómo llegué a ellos? La respuesta es bien mundana: las lecturas obligatorias del colegio.
Juan Salvador Gaviota, cuyo autor no recuerdo su nombre. Basura corta pero basura al fin. Dentro de todo encontré interesante la idea de combinar texto e imagen, aunque no la salva de mi hoguera personal.
Demian, de Hesse. Me pareció de un tono místico y adoctrinador del cual desconfié. Y me aburrió el personaje tan bacancito del Demian. Sólo guardo un recuerdo positivo de este libro: la imagen de una figura misteriosa en la puerta de Sinclair. Me pareció mágico.
Crimen y castigo, de Dostoievski. Me gustó al comienzo, las miserias de Raskolnikov y el hecho de estar tan cagado que te pones a pensar en matar a otra persona para sobrevivir (justo ahora me recuerda un cuento chino llamado Intoxicantes noches de primavera, humilde joyita que describe un ambiente así, igual de deprimente). Lo que me lateó hasta dejar botado el libro fueron las mil divagaciones de Raskolnikov y la ensalada psicológica en que se entrampa. ¿Acaso no pensó antes que si decidía matar a la anciana debía comprometerse a ocultarlo a toda costa y no dejarse traicionar por el sentimiento de culpa? ¿O es muy psicópata lo que estoy diciendo? Quizá debí darle tiempo a la historia para que se desarrolle, porque la verdad es que ni siquiera llegué a la parte en que lo mandan a Siberia. Imaginé que iba a seguir en la misma onda divagatoria, sólo que en la tundra, lo que seguramente significaba que el protagonista tendría más tiempo aun para dedicarse de manera exclusiva al asunto en la chorrera de páginas que quedaban. Entonces me dije "ya, ni cagando alcanzo" y me dedique a buscar resúmenes para la prueba.
El túnel, de Sábato. Éste sí lo leí entero, pero me daba rabia ir pasando las páginas. Desde el cliché del artista autoflagelante hasta el romance enfermizo digno de La rosa de Guadalupe (aunque, eso sí, con desenlace más realista). Sobre todo me cargó lo que se nos decía era el punto clave y cima de la densidad de esta obra: la metáfora del túnel. ¿De verdad tanto color para una alegoría tan piñufla? Me sentí estafado de principio a fin.
Viendo esta breve lista de libros odiados en el momento de su lectura, veo un punto en común en todos ellos. Son libros que lidian con el problema del sentido y la introspección. Me imagino que estos títulos fueron puestos entre las lecturas obligatorias del colegio con un propósito de formación personal más que sólo recreativo o de interés histórico. Especialmente evidente es Demian, novela que marcó a varias personas que conozco y que la han leído. En cambio, yo creo que estos libros no me gustaron (derechamente los odié) porque yo mismo soy un tipo introspectivo y enrollado. ¿Qué me interesaban a mí los caldos de cabeza de personajes de libros? Ya estaba harto ocupado con mis propios desvaríos. Filo con eso, prefería los libros de tramas y hechos concretos, igual con su dimensión psicológica, pero con conflictos reales y entretes.
Lo otro es que igual soy una persona bastante evasiva, de lo cual pueden dar fe mis más cercanos, y medio "Contreras", Desconfío de todo lo que me digan e incluso de lo que me digo a mí mismo. Siempre me dan ganas de contradecir o matizar las opiniones de los demás, incluso cuando estoy de acuerdo con ellos, de puro mañoso, para puro hacer daño. Me come por dentro el deseo de hacer que sus botes hagan agua. Sin embargo, la mayoría de las veces me contengo para no ser tan pesao y no sonar petulante. Esto hace que esté en constante lucha contra el sentido (o quizá sea precisamente lo contrario, es decir, la búsqueda de un sentido que lo contenga todo de manera perfecta). Y en esta guerra santa, mis gustos literarios van más por la forma, el humor y el absurdo. Tres de mis libros favoritos (al menos al momento de su lectura) son, por ejemplo, El extranjero de Camus, La cantante calva (obra teatral de Ionesco) y El Principito. Este último se caracteriza por su carácter moral, pero a mí me gusta más por lo evocador para la imaginación de las diferentes travesías de este auténtico viajero espacial.
De todos modos, no descarto volver a leer estos libros que odié. Si al final cada libro tiene su lector, y uno puede ser varios lectores a lo largo de su vida. En una de ésas ahora me pillan con el carácter más cambiado y apto para disfrutarlos. Menos el Salvador Gaviota, que por cortito que sea, me tinca que es un bodrio de aquí al fin del mundo.
Juan Salvador Gaviota, cuyo autor no recuerdo su nombre. Basura corta pero basura al fin. Dentro de todo encontré interesante la idea de combinar texto e imagen, aunque no la salva de mi hoguera personal.
Demian, de Hesse. Me pareció de un tono místico y adoctrinador del cual desconfié. Y me aburrió el personaje tan bacancito del Demian. Sólo guardo un recuerdo positivo de este libro: la imagen de una figura misteriosa en la puerta de Sinclair. Me pareció mágico.
Crimen y castigo, de Dostoievski. Me gustó al comienzo, las miserias de Raskolnikov y el hecho de estar tan cagado que te pones a pensar en matar a otra persona para sobrevivir (justo ahora me recuerda un cuento chino llamado Intoxicantes noches de primavera, humilde joyita que describe un ambiente así, igual de deprimente). Lo que me lateó hasta dejar botado el libro fueron las mil divagaciones de Raskolnikov y la ensalada psicológica en que se entrampa. ¿Acaso no pensó antes que si decidía matar a la anciana debía comprometerse a ocultarlo a toda costa y no dejarse traicionar por el sentimiento de culpa? ¿O es muy psicópata lo que estoy diciendo? Quizá debí darle tiempo a la historia para que se desarrolle, porque la verdad es que ni siquiera llegué a la parte en que lo mandan a Siberia. Imaginé que iba a seguir en la misma onda divagatoria, sólo que en la tundra, lo que seguramente significaba que el protagonista tendría más tiempo aun para dedicarse de manera exclusiva al asunto en la chorrera de páginas que quedaban. Entonces me dije "ya, ni cagando alcanzo" y me dedique a buscar resúmenes para la prueba.
El túnel, de Sábato. Éste sí lo leí entero, pero me daba rabia ir pasando las páginas. Desde el cliché del artista autoflagelante hasta el romance enfermizo digno de La rosa de Guadalupe (aunque, eso sí, con desenlace más realista). Sobre todo me cargó lo que se nos decía era el punto clave y cima de la densidad de esta obra: la metáfora del túnel. ¿De verdad tanto color para una alegoría tan piñufla? Me sentí estafado de principio a fin.
Viendo esta breve lista de libros odiados en el momento de su lectura, veo un punto en común en todos ellos. Son libros que lidian con el problema del sentido y la introspección. Me imagino que estos títulos fueron puestos entre las lecturas obligatorias del colegio con un propósito de formación personal más que sólo recreativo o de interés histórico. Especialmente evidente es Demian, novela que marcó a varias personas que conozco y que la han leído. En cambio, yo creo que estos libros no me gustaron (derechamente los odié) porque yo mismo soy un tipo introspectivo y enrollado. ¿Qué me interesaban a mí los caldos de cabeza de personajes de libros? Ya estaba harto ocupado con mis propios desvaríos. Filo con eso, prefería los libros de tramas y hechos concretos, igual con su dimensión psicológica, pero con conflictos reales y entretes.
Lo otro es que igual soy una persona bastante evasiva, de lo cual pueden dar fe mis más cercanos, y medio "Contreras", Desconfío de todo lo que me digan e incluso de lo que me digo a mí mismo. Siempre me dan ganas de contradecir o matizar las opiniones de los demás, incluso cuando estoy de acuerdo con ellos, de puro mañoso, para puro hacer daño. Me come por dentro el deseo de hacer que sus botes hagan agua. Sin embargo, la mayoría de las veces me contengo para no ser tan pesao y no sonar petulante. Esto hace que esté en constante lucha contra el sentido (o quizá sea precisamente lo contrario, es decir, la búsqueda de un sentido que lo contenga todo de manera perfecta). Y en esta guerra santa, mis gustos literarios van más por la forma, el humor y el absurdo. Tres de mis libros favoritos (al menos al momento de su lectura) son, por ejemplo, El extranjero de Camus, La cantante calva (obra teatral de Ionesco) y El Principito. Este último se caracteriza por su carácter moral, pero a mí me gusta más por lo evocador para la imaginación de las diferentes travesías de este auténtico viajero espacial.
De todos modos, no descarto volver a leer estos libros que odié. Si al final cada libro tiene su lector, y uno puede ser varios lectores a lo largo de su vida. En una de ésas ahora me pillan con el carácter más cambiado y apto para disfrutarlos. Menos el Salvador Gaviota, que por cortito que sea, me tinca que es un bodrio de aquí al fin del mundo.
domingo, 22 de noviembre de 2015
Película: Big Eyes (2014)
Ojos grandes es la última película de Tim Burton donde relata la vida de la pintora estadounidense Margaret Keane, creadora de cuadros de niños con ojos grandes y mirada sombría, icónicos en Yanquilandia (me imagino que es como que aquí fuera el cuadro del niño que llora o las toallas de Felipe Camiroaga). Tras abandonar a su marido “cuando aún no estaba de moda”, Margaret hace lo que puede para mantenerse a sí misma y a su hija pintando retratos en la calle. Pronto conoce, se enamora y se casa con Walter Keane, un vendedor nato con cuyo carisma comienza a vender los cuadros de su esposa, con una salvedad bien fea y dolorosa para la pintora: Walter hace pasar los característicos cuadros de “ojos grandes” como suyos.
El filme exuda arte pop por todos lados, pudiendo ser vista como un ensayo crítico acerca de la cultura popular tanto por su contenido más explícito como por el estilo en que está armada. El ensayo comienza de manera bien directa con un epígrafe de Andy Warhol: “Creo que lo que hizo Keane es espectacular. Tiene que ser bueno. Si fuera malo, no le gustaría a tanta gente.” Quién mejor que el adalid del pop art para pinchar con la inacabada pregunta sobre qué es arte, que por fuerza se deslinda con la definición de aquello que no lo es. Además, el hecho mismo de replicar una cita de una celebridad larga un aire a reproducción en masa y filosofía de feria artesanal.
Luego está la paleta de colores típica de Tim Burton en su faceta irónica-colorinche, y que siendo un drama más realista, sabe llevar con mesura. En esta ocasión le baja (un poco) a los colores más cursis pero lo equilibra subiéndole a la saturación. Antes me costaba tragarme este estilo, pero ahora, y teniendo en cuenta de lo que trata esta peli, me cuadra mejor.
Es interesante incluso el hecho de que Tim Burton encabece esta producción. No hay duda de la popularidad de la obra de este director, que con su estilo personal ha dejado huellas reconocibles en el imaginario pop hasta del espectador más ocasional (las más notables: El joven manos de tijera y el Jack Skellington que muchos emos y pokemones portaron en parches y chapas). Sin embargo, y sin desmerecer su talento, en su éxito también hay algo de buen marketing, y esto lo sabe el caballero. Sí po’, de más que lo sabe, ¿cierto? En Ojos grandes, este conflicto se magnifica, porque pone lupa sobre el engaño y el blufeo que están a la vuelta de la esquina. Y no me refiero sólo al inescrupuloso Walter Keane, sino también a la incestuosa escena del arte moderno allí mostrada. el círculo cerrado donde los artistas se refieren sólo entre ellos y los críticos alaban las obras que exponen sus amigos dueños de galerías. El arte que puede llevar tal título depende de las redes y de la colocación del producto. Una cosita poca de declaración personal se podía ver en Ed Wood (1994), pero ahora ya más maduro, Tim Burton desliza aquí una reflexión más directa en torno al criterio de demarcación artística y la mercantilización del arte, aspecto vilipendiado que alcanza a teñir su propia obra.
[Spoilers a continuación]
El filme exuda arte pop por todos lados, pudiendo ser vista como un ensayo crítico acerca de la cultura popular tanto por su contenido más explícito como por el estilo en que está armada. El ensayo comienza de manera bien directa con un epígrafe de Andy Warhol: “Creo que lo que hizo Keane es espectacular. Tiene que ser bueno. Si fuera malo, no le gustaría a tanta gente.” Quién mejor que el adalid del pop art para pinchar con la inacabada pregunta sobre qué es arte, que por fuerza se deslinda con la definición de aquello que no lo es. Además, el hecho mismo de replicar una cita de una celebridad larga un aire a reproducción en masa y filosofía de feria artesanal.
Luego está la paleta de colores típica de Tim Burton en su faceta irónica-colorinche, y que siendo un drama más realista, sabe llevar con mesura. En esta ocasión le baja (un poco) a los colores más cursis pero lo equilibra subiéndole a la saturación. Antes me costaba tragarme este estilo, pero ahora, y teniendo en cuenta de lo que trata esta peli, me cuadra mejor.
Es interesante incluso el hecho de que Tim Burton encabece esta producción. No hay duda de la popularidad de la obra de este director, que con su estilo personal ha dejado huellas reconocibles en el imaginario pop hasta del espectador más ocasional (las más notables: El joven manos de tijera y el Jack Skellington que muchos emos y pokemones portaron en parches y chapas). Sin embargo, y sin desmerecer su talento, en su éxito también hay algo de buen marketing, y esto lo sabe el caballero. Sí po’, de más que lo sabe, ¿cierto? En Ojos grandes, este conflicto se magnifica, porque pone lupa sobre el engaño y el blufeo que están a la vuelta de la esquina. Y no me refiero sólo al inescrupuloso Walter Keane, sino también a la incestuosa escena del arte moderno allí mostrada. el círculo cerrado donde los artistas se refieren sólo entre ellos y los críticos alaban las obras que exponen sus amigos dueños de galerías. El arte que puede llevar tal título depende de las redes y de la colocación del producto. Una cosita poca de declaración personal se podía ver en Ed Wood (1994), pero ahora ya más maduro, Tim Burton desliza aquí una reflexión más directa en torno al criterio de demarcación artística y la mercantilización del arte, aspecto vilipendiado que alcanza a teñir su propia obra.
[Spoilers a continuación]
domingo, 15 de noviembre de 2015
Osorno
Capital del Mundo
Ombligo del Universo
Tierra de las Luengas Sopaipillas
Ciudad de la Módica Juerga
Verdegrís
Sede del Provi
Cuna de los Toros
Patria de Martín Vargas y María Gallardo
País de las Mil y Un Singularidades
Vórtice del Smog
Lunar de Concreto
Pueblo del Ceño Fruncido
Dominio del Milodón y el Gonfoterio
Reyno de la Leche y la Carne
Trono de Luli Love
Chauracahuín
Reunión de las Chauras
Ribera Marrón
Corazón del Fütawillimapu
Fome No More
Osorno City
Osorno's Landing
Osornotown
Osornoshire
Osorno, je t'aime
Osorno, maldito Osorno
Osorno, querido Osorno
Osorno malevo
Osorno que me hiciste mal y sin embargo, te quiero
Ombligo del Universo
Tierra de las Luengas Sopaipillas
Ciudad de la Módica Juerga
Verdegrís
Sede del Provi
Cuna de los Toros
Patria de Martín Vargas y María Gallardo
País de las Mil y Un Singularidades
Vórtice del Smog
Lunar de Concreto
Pueblo del Ceño Fruncido
Dominio del Milodón y el Gonfoterio
Reyno de la Leche y la Carne
Trono de Luli Love
Chauracahuín
Reunión de las Chauras
Ribera Marrón
Corazón del Fütawillimapu
Fome No More
Osorno City
Osorno's Landing
Osornotown
Osornoshire
Osorno, je t'aime
Osorno, maldito Osorno
Osorno, querido Osorno
Osorno malevo
Osorno que me hiciste mal y sin embargo, te quiero
sábado, 14 de noviembre de 2015
Película: Million dollar arm (2014)
Million Dollar Arm (2014) es un drama deportivo basado en la historia real de Rinku Singh (Suraj Sharma, el de Life of Pi) y Dinesh Patel (Madhur Mittal, el hermano de Slumdog Millionaire), dos chicos de la India más pobre que son reclutados como lanzadores de béisbol por el señor J.B. (Jon Hamm, el de Mad Men), un cazatalentos de las grandes ligas de US of A. En este viaje de choque cultural entre India y EEUU, son acompañados por Amit (Pitobash Tripathy), el traductor de los chicos y fanático del béisbol que alucina con las luces de la metrópolis, y Brenda (Lake Bell), la adorable amiga de J.B. que le pone los pies en la tierra y acoge a los confundidos Rinku y Dinesh.No es una película memorable. Sin embargo, aparte de la ridiculez del tiro del flamenco y del personaje de Amit cuya caricatura caería en lo indigno de no ser por las escasas intervenciones dramáticas de Tripathy, es cumplidora como la típica película buena onda de superación y blablablá. Podría haber profundizado un poco más en la trastienda del béisbol como deporte espectáculo (algo que conocemos por estos lares en la industria del fútbol) y sus movimientos de capitales y personas a través del globo, o en los entreveros psicológicos de los chicos pobres que abandonan a sus familias, amigos y entornos para triunfar en el mundo exitista de la alta competencia. Pero después caché que es una producción de Disney, además de traducción directa del libro del J.B. real, así que mucho no se puede pedir.
Y eso sería, no sé qué más decir.
¡Ah! A sugerencia de don Fabián, comenzaré a puntuar con jumbitos con un máximo de cinco. Ésta se lleva 3 de 5.
viernes, 13 de noviembre de 2015
Elogio de la onicofagia
Hoy hablaré un poco de uno de mis vicios más odiosos pero a
la vez más caros: la onicofagia o, en español llano, comerme las uñas.
Todo comenzó con una amiga que en segundo o tercero básico
me enseñó esta mala costumbre. Claro, en vez de enseñarme a aspirar neoprén o a
tatuarme con aguja de coser y lápiz pasta, me introdujo al oscuro pero encantador mundo de la
onicofagia.
Al parecer las grandes amistades sacan lo mejor y lo peor del espíritu humano,
sin términos medios.
Junto con la técnica, mi amiga me enseñó además el secreto
del aficionado. Secreto que compartiré hoy con usted (sí, usted, estimadx), con el fin de aportar mi granito de arena en la difusión
de este mal llamado flagelo que, según diversos estudios etnoepidemiológicos y
longitudinales, afecta a muchas personas de todas las edades, géneros, formas y
colores.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Película: The Taking of Deborah Logan (2014)
La posesión de Deborah Logan es una película piola que, a través de un estilo de falso documental, parte con el registro del deterioro mental de Deborah, una paciente de Alzheimer por parte de Mia, una tesista de medicina. Ella se traslada junto a su camarógrafo y su sonidista a la laberíntica casa (llena de áticos) de la anciana y su hija, víctima también de los coletazos de la terrible enfermedad como cuidadora de su madre. En pocas semanas y tras una sucesión de hechos paranormales, la filmación se transforma en el registro cada vez más errático y abismal de una posesión envuelta en misterio y ocultismo.
A mi parecer, dos cosas mantienen erguido el armatoste: los efectos visuales y la interpretación de Jill Larson como Deborah Logan. El trabajo de maquillaje está bien pulento, realzando la espeluznante actuación de Larson en las dos o tres pieles de la anciana: la lúcida y huraña, la alienada por el Alzheimer y la poseída. Lamentablemente, la única que le sigue de cerca en presencia escénica es Anne Ramsay como Sarah, la hija emocionalmente desgastada, ya que la actuación de la tesista y su equipo es bien fome (personajes que tampoco tienen un perfil interesante que aportar).
Lo bacán es que esta película puede llegar a asustar de verdad, aspecto crucial del terror pero pocas veces logrado. Al menos a mi hermana le dio miedo, y le creo porque en general el ritmo lleva una buena escalada (o descenso) en el horror. Sin embargo, yo no me asusté porque soy bien machito y tengo las bolas bien puestas... No, mentira, fue porque la vi acompañado. De todas formas, genera un ambiente bastante propicio para el terror como yo no había encontrado hace bastante tiempo, con películas que prometían miedo pero se quedaban en los sobresaltos y el suspenso, lo que tampoco es malo. Creo que, además de sus aciertos técnicos, esto se debe a la asociación (cuestionable, por cierto) entre enfermedad mental y horror, e incluso entre ésta y la vejez, la fobia a la demencia y a la senilidad tan propia de la cultura occidental, que es aprovechada con astucia y oportunismo para disparar miedo y desazón visceral a lo largo del filme.
Si alguien está leyendo esto, le recomiendo que le dé una oportunidad.
A mi parecer, dos cosas mantienen erguido el armatoste: los efectos visuales y la interpretación de Jill Larson como Deborah Logan. El trabajo de maquillaje está bien pulento, realzando la espeluznante actuación de Larson en las dos o tres pieles de la anciana: la lúcida y huraña, la alienada por el Alzheimer y la poseída. Lamentablemente, la única que le sigue de cerca en presencia escénica es Anne Ramsay como Sarah, la hija emocionalmente desgastada, ya que la actuación de la tesista y su equipo es bien fome (personajes que tampoco tienen un perfil interesante que aportar).
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| Por este gif llegué a la película. |
Si alguien está leyendo esto, le recomiendo que le dé una oportunidad.
Película: In Bruges (2008)
Según parece, esta película no es tan conocida a pesar de sus galardones, lo que es una lástima porque la encontré harto buena, así que la veo cada vez que se lo muestro a alguien; la última víctima, mi madre.
Traducida como Escondidos en Brujas, funciona como un modesto cuento acerca de dos asesinos (Ray y Ken) que son enviados por su jefe (don Harry) a la ciudad de Brujas (Bélgica) para ocultarse tras una operación fallida. Allí deberán esperar de las siguientes instrucciones que pueden llegar en cualquier momento, y que cuando llegan, abren un conmovedor conflicto de trauma, melancolía, amistad y código de honor.
Digo que lo veo como un cuento porque está bien armadita. En lo chico, tenemos diálogos plagados de humor, que incluso se inmiscuyen en los momentos más dramáticos sin desteñirlos. Y por otra parte, en lo general, despliega una historia de bonitos giros argumentales, y dotando al menos a sus personajes principales de una profundidad psicológica de fácil digestión para uno como espectador (lo que también podría ser visto como eslabón débil).
Las actuaciones principales las encontré precisas: Brendan Gleeson como el afable y veterano Ken, Colin Farrell que presta su cargado acento irlandés y su estilo despeinado al infantil y atribulado Ray, y Ralph Fiennes, maestro como él solo y que incluso se da el lujito de tirarse unos diálogos bien chistosos. Los demás hacen lo suyo para aportar al hilo de la historia.
A pesar de las quejas del lolo Ray, Brujas se muestra aquí como una auténtica ciudad de cuentos de hadas, perfecta para morir como señala don Harry, vieja ciudad medieval bien conservada que encanta por sus luces nocturnas, sus callejuelas de piedra y sus edificios históricos al borde de apacibles canales. Es el escenario perfecto para esta historia autocontenida, una burbuja detenida en el tiempo que permite a sus personajes dar libre curso a sus disquisiciones. Al mismo tiempo, sin embargo, también se presenta como una jaula de la que no se puede escapar, un purgatorio de almas perdidas. Y junto con la metáfora, Brujas se presta como hermoso paisaje tanto para el drama como para las escenas de acción, que no son muchas ni tan intensas ni complejas (aunque sí visualmente cuidadosas y bien maquilladas), pero sí son, por fortuna, persecuciones de a pie, que son el tipo que más me gusta ver.
En fin, creo que me gusta casi todo de ella. Lo único que le criticaría sería el final-final que está medio mamón, pero es parte de mi gusto personal por los finales ambiguos. De todos modos, el conjunto está exquisito.
Eso no más voy a contar para no arruinar el visionado, que desde ya recomiendo con un gran pulgar hacia arriba.
Traducida como Escondidos en Brujas, funciona como un modesto cuento acerca de dos asesinos (Ray y Ken) que son enviados por su jefe (don Harry) a la ciudad de Brujas (Bélgica) para ocultarse tras una operación fallida. Allí deberán esperar de las siguientes instrucciones que pueden llegar en cualquier momento, y que cuando llegan, abren un conmovedor conflicto de trauma, melancolía, amistad y código de honor.
Digo que lo veo como un cuento porque está bien armadita. En lo chico, tenemos diálogos plagados de humor, que incluso se inmiscuyen en los momentos más dramáticos sin desteñirlos. Y por otra parte, en lo general, despliega una historia de bonitos giros argumentales, y dotando al menos a sus personajes principales de una profundidad psicológica de fácil digestión para uno como espectador (lo que también podría ser visto como eslabón débil).
Las actuaciones principales las encontré precisas: Brendan Gleeson como el afable y veterano Ken, Colin Farrell que presta su cargado acento irlandés y su estilo despeinado al infantil y atribulado Ray, y Ralph Fiennes, maestro como él solo y que incluso se da el lujito de tirarse unos diálogos bien chistosos. Los demás hacen lo suyo para aportar al hilo de la historia.
A pesar de las quejas del lolo Ray, Brujas se muestra aquí como una auténtica ciudad de cuentos de hadas, perfecta para morir como señala don Harry, vieja ciudad medieval bien conservada que encanta por sus luces nocturnas, sus callejuelas de piedra y sus edificios históricos al borde de apacibles canales. Es el escenario perfecto para esta historia autocontenida, una burbuja detenida en el tiempo que permite a sus personajes dar libre curso a sus disquisiciones. Al mismo tiempo, sin embargo, también se presenta como una jaula de la que no se puede escapar, un purgatorio de almas perdidas. Y junto con la metáfora, Brujas se presta como hermoso paisaje tanto para el drama como para las escenas de acción, que no son muchas ni tan intensas ni complejas (aunque sí visualmente cuidadosas y bien maquilladas), pero sí son, por fortuna, persecuciones de a pie, que son el tipo que más me gusta ver.En fin, creo que me gusta casi todo de ella. Lo único que le criticaría sería el final-final que está medio mamón, pero es parte de mi gusto personal por los finales ambiguos. De todos modos, el conjunto está exquisito.
Eso no más voy a contar para no arruinar el visionado, que desde ya recomiendo con un gran pulgar hacia arriba.
jueves, 15 de octubre de 2015
Película: The Martian (2015)
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| Esta película se llama Misión rescate, y la boca te queda donde mismo. |
La cosa va así: una misión tripulada a Marte falla cuando los sorprende una tormenta y deben realizar un despegue de emergencia, dejando atrás a uno de los integrantes, Mark Watney, presumiblemente muerto. Sin embargo, al día siguiente se levanta de entre la arena cual Lázaro y se enfrenta al hecho de que es el único hombre del planeta rojo. Siendo botánico (no contaban su astucia), se dedica a cultivar su propia comida aplicando trucos macgyverescos al estéril suelo marciano, mientras espera el rescate que se planea desde la Tierra entre dificultades técnicas y burocráticas.
Fui a ver esta peli al cine con mi mami, llevando expectativas muy distintas a lo que resultó en realidad. El título prometía mucho, al menos el original "El marciano", pero creo que éste es uno de los raros casos en que a la película le viene mejor el desabrido título puesto por la distribuidora: "Misión rescate".
(puede haber spoiler)
domingo, 4 de octubre de 2015
Entre los próximos súperestrenos...
Envidia. Terror. Sacrificio. Redención.
Cuando una hermandad se triza, cuando se viola un pacto milenario, el caos total se desata
y mundos enteros son empujados al borde del abismo.
De los productores de Caníbales en Quemeumo y Canción de Amor y Romance en el Huerto
Estudio Special K trae a sus pantallas
T R E N G T R E N G v e r s u s K A Y K A Y
UNA HISTORIA MÁS ALLÁ DE LA HISTORIA
Pronto en su cine favorito
sábado, 3 de octubre de 2015
Muda animal
Los chicos siempre me advertían que no me vaya por Baquedano, que jamás nunca me vaya por Baquedano, que es peligroso, que siempre andan pendejos choros, perros mala leche y cosas raras. A mí me cargaba la calle principal, llena de autos, de postes y paraderos. Llena de gente, apurada y con cara de pico en el día, borracha y escandalosa en la madrugada.
Los Carrera parecía especialmente prendida esa noche, no sé si sería por la fecha festiva o porque yo volvía agotado a mi guarida después de juntarme con unos amigos. El tiempo estaba bueno, sí, el cielo estaba despejado y la brisa era amable, pero tanta vida en las calles me abrumaba. Era imposible pasar piola (mi especialidad). Desde el otro lado de la calle un grupo de universitarios me saludó y empezó a cantar o a bramar, no era mucha la diferencia. Un poco más allá, una pareja ebria me llamaba a palmadas, probablemente con intenciones lujuriosas. Qué asco. Yo estaba cansado, sólo quería dormir, así que decidí ir en contra de las advertencias de mis amigos y bajé hacia Baquedano.
La soledad ejerce sobre mí un efecto apaciguador. Apenas vi la calle desierta mi pecho se relajó, mi visión se enfocó y mi paso se desaceleró. Tenía Baquedano sólo para mí. Caminaba feliz, respirando la frescura de la noche y parando a momentos para mirar las estrellas. No había perros, no había pájaros ni fantasmas. La Vía Láctea me masajeaba el cuello y la vereda me parecía una esponjosa alfombra que guiaba mis pasos hacia mi hogar.
De pronto, vi que dos tipos torcían en la esquina en dirección mía. No me asusté ni me sobresalté. Es más, viéndolos de lejos venir hacia mí, sentí una comunión con ellos al compartir fugazmente la placidez de la noche. Nos sabíamos camaradas anónimos y pasajeros sin siquiera tener que saludarnos o mirarnos. Éramos como esos astros errantes que cada mil años cruzan sus respectivas sendas sin mirarse, sin tocarse ni querer hacerlo, poco más que paisaje el uno para el otro. O eso pensaba yo.
domingo, 27 de septiembre de 2015
Película: 500 Days of Summer (2009)
Con esta advertencia inicia 500 Days of Summer, comedia romántica del 2009 sobre Tom, un chico que trabaja en una empresa como redactor de tarjetas (de felicitaciones, de condolencias, de cumpleaños, etc.) y que se enamora de Summer, una colega nueva con la que pronto empezará a andar, pololear o quién sabe qué cosa. Comenzando la película ya sabemos que la cosa tal terminó mal: en el día 290, Tom termina con Summer, y sus amigos lo ven tan destrozado que tienen que llamar a su hermana chica, que como un Pepe Grillo le da consejos más atinados que sus amigos guailones. A partir de entonces se trata de reconstruir la historia completa del desamor que estuvo presente desde el primer día.
Creo que el reparto principal viene de perillas. Joseph Gordon-Levitt presta su cara de cabro bueno para interpretar al confundido Tom, mientras que Zooey Deschanel hace lo suyo con Summer. Sus profundos ojos azules logran encarnar su personalidad interesante y buena onda, pero insondable y compleja para un ingenuo como Tom.
Lo que más me gustó fue lo lúdico de su presentación, sacando del sombrero varios recursos que nutren a la película de color y variedad. El más notable es su estructura no lineal, la alternancia entre los 500 días, saltando hacia atrás o hacia adelante, días o semanas, siguiendo el rastro de los signos del desajuste amoroso, todo ello precedido por bonitas tarjetas de título que ayudan bastante a seguir el hilo. Instancias destacables son el momento musical y un uso gracioso (e incluso interactivo) de la pantalla partida.
La película está entretenida de mirar, sencilla y chistosa, más allá de los momentos cursis que, supongo, son elementos obligados para una comedia romántica. Es más, sabiendo de antemano cómo terminará todo, estas chucherías contribuyen a dibujar el mundo de ensueño en que Tom se va enredando solito a pesar del tremendo letrero de advertencia que le ha plantado Summer con su explícita falta de fe en el amorsh.
![]() |
| La Summer y el Tom. |
Seguro hay un par de cosas más que decir (a todo esto, la música está gonicha y adecuada), pero con esto es suficiente para no sobrecargar. ¿La recomendaría? No especialmente, pero topársela sin nada más que hacer no es en absoluto una pérdida de tiempo.
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Pendientes (vamos que se puede):
- Good Will Hunting
- El gran Lebowski
jueves, 24 de septiembre de 2015
Miniserie: Más allá del jardín (2014)
Ojalá que mi jefe/colega no lea esto, porque debería estar escribiendo lo que me pidió, pero se me hace absolutamente necesario comentar un poco esta serie tan pulenta que me recomendó mi prima Lirayén, la de los monos animados, y que había visto hace como un mes.
Desde ya aviso que no voy a espoilear nada (o eso espero), aunque quede medio vago y general, porque quiero que las tres o cuatro personas que lean esto, la vean. Así de enrollado quedé.
Más allá del jardín (título original: Over the garden wall) es una miniserie animada de Cartoon Network creada por Patrick McHale, nombre asociado a las bonis Flapjack y Hora de aventura. Sus diez episodios, estrenados en 2014 por el cable, siguen las aventuras de Wirt y Greg, dos hermanos que vagan perdidos en un bosque de fábula y buscan regresar a su hogar. Lejos de hallar una salida, se internan cada vez más en los entresijos de “Lo Desconocido”. En compañía de Beatrice, una pájara mandona que habla, van recorriendo aldeas, conociendo a personajes maravillosos y resolviendo entuertos. Todo esto mientras van develando grano a grano el misterio en torno a la Bestia, el ser más temido de la provincia y al que tarde o temprano deberán enfrentar.
Tenemos en esta obra una actualización brillante de los clásicos infantiles europeos y algo más, partiendo por la omnipresencia del bosque. Ese Wald de los hermanos Grimm donde los niños son abandonados a merced de brujas, fieras y espantos, sirve aquí de notable telón de fondo que se va transformando según se va desmadejando el cuento: en ocasiones plácido, de brisa amable y follaje otoñal, en otras de una negrura tupida y asfixiante, o bien duro, lacerante e invernal. En este sentido, la paleta de colores, entre rústica y vintage, está tan rica que dan ganas de apretarle los cachetes. Excepto, claro, cuando la cosa se pone terrorífica, entonces dan ganas de meterse debajo de la frazada. Luego están los poblados, cada uno con una mitología e idiosincrasia originales, pero con elementos identificables de diversos mundos: campesino pagano medieval, laberínticos palacios de noblezas decadentes, el ribereño sur estadounidense...
La integración lograda es preciosa en apariencia y concepto. Por su vocación de collage me recordó un poco a la serie American Horror Story, ya que reedita tópicos que podrían parecer rancios pero les saca jugo y los rejuvenece con una narrativa más actual, con ese estilo de la camada joven de Cartoon Network que también nos gusta a algunos grandes.
La oscuridad es una constante a lo largo de la historia, según lo augurado desde el primer episodio. No es sólo la presencia maligna de la Bestia, sino los personajes en general, cuyas motivaciones son algo más complejas que el bien versus el mal. Ejemplos de ello hay unos cuantos, pero merece mención la figura del Leñador (interpretado, por cierto, por el bacanoso Christopher Lloyd) y su conflicto profundamente emocional que lo llevará al nudo de la trama.
Sin embargo, no todo es sombrío. También tiene sus momentos de humor, después de todo hablamos de monos de Cartoon Network. Aquí es crucial la figura de Greg, el tierno hermano menor cuya inocencia es el contrapeso del temeroso Wirt. Sus salidas y canciones (inventa una para cada ocasión), además de algunos guiños puestos por los escritores, nos brindan un relajo necesario a la tensión subyacente. En todo caso, el humor está colocado de manera tal que no disipa el dramatismo general, no corta la inspiración ni sabotea del todo ese tono oscuro que rodea como una niebla a los protagonistas durante toda la obra.
La tejné narrativa es exquisita, está bien articulada. Cada aldea, cada personaje, cada entuerto resuelto es una de las varias llaves de la caja negra que es la Bestia y su relación con Lo Desconocido. Las pistas se van agregando en dosis precisas que te dejan con la espina metida para llegar al fondo del misterio. El relato escala en intensidad y fantasía hasta ese punto justo antes del clímax, instante en que se pega su buena frenada, para nada innecesaria, para luego reanudar con mayor fuerza el desenlace anhelado.
Un viaje físico implica casi siempre también un viaje moral, principio que se aplica en esta obra. Más allá del misterio, más allá del humor, Más allá del jardín abunda en redención, desde las historias menores hasta las de nuestros protagonistas. Una vez más, el Leñador, personaje aparentemente secundario, es ejemplo de ello. La Bestia es la encarnación de los mayores horrores, pero llega un punto en que éste queda chico frente a los demonios propios que cada cual debe encarar. Resuelto lo propio, la Bestia queda reducida a un monigote que proyecta una sombra larga alimentada por una lámpara que uno mismo mantiene prendida. Es preciso aprender a caminar en la oscuridad.
Finalmente el rompecabezas queda completo y a la vista. Es un cuadro satisfactorio, pero no por eso cursi ni mucho menos aburrido, como ocurre a veces cuando una obra lo explica todo. La fantasía cunde y rebasa para inundar la realidad y un futuro que deja ganas de más episodios o temporadas. Pero algo así sería gula, y la gula es pecado capital, algo que la miniserie sabe bien y por eso termina donde debe terminar. No sobra ni un pelo.
Me imagino que a estas alturas habrá quedado claro mi favoritismo hacia esta miniserie. Percibí mucho cariño y trabajo involucrado en su realización, cuyo resultado es, en mi opinión, un conjunto bien contenido, como una perla o un paquetito listo para abrir y maravillarse.
De todas maneras, si al igual que yo, aún le quedan ganas de algo más, existe un episodio piloto realizado el 2013. Éste nos muestra una historia aparte y algunas diferencias en los rasgos de la animación, pero por ahí a alguien le sirve para despedirse de Greg, Wirt y Beatrice y agradecerles por el buen rato.
Los diez episodios y el piloto de 2013 se pueden ver aquí, subtitulados y subidos por los buenos de HardSubCafé.
_______________
Pendientes (grrr):
- 500 days of summer
- Good Will Hunting
- El gran Lebowski
Desde ya aviso que no voy a espoilear nada (o eso espero), aunque quede medio vago y general, porque quiero que las tres o cuatro personas que lean esto, la vean. Así de enrollado quedé.
Tenemos en esta obra una actualización brillante de los clásicos infantiles europeos y algo más, partiendo por la omnipresencia del bosque. Ese Wald de los hermanos Grimm donde los niños son abandonados a merced de brujas, fieras y espantos, sirve aquí de notable telón de fondo que se va transformando según se va desmadejando el cuento: en ocasiones plácido, de brisa amable y follaje otoñal, en otras de una negrura tupida y asfixiante, o bien duro, lacerante e invernal. En este sentido, la paleta de colores, entre rústica y vintage, está tan rica que dan ganas de apretarle los cachetes. Excepto, claro, cuando la cosa se pone terrorífica, entonces dan ganas de meterse debajo de la frazada. Luego están los poblados, cada uno con una mitología e idiosincrasia originales, pero con elementos identificables de diversos mundos: campesino pagano medieval, laberínticos palacios de noblezas decadentes, el ribereño sur estadounidense...
La integración lograda es preciosa en apariencia y concepto. Por su vocación de collage me recordó un poco a la serie American Horror Story, ya que reedita tópicos que podrían parecer rancios pero les saca jugo y los rejuvenece con una narrativa más actual, con ese estilo de la camada joven de Cartoon Network que también nos gusta a algunos grandes.
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| El Leñador y la Bestia tienen temas pendientes. |
Sin embargo, no todo es sombrío. También tiene sus momentos de humor, después de todo hablamos de monos de Cartoon Network. Aquí es crucial la figura de Greg, el tierno hermano menor cuya inocencia es el contrapeso del temeroso Wirt. Sus salidas y canciones (inventa una para cada ocasión), además de algunos guiños puestos por los escritores, nos brindan un relajo necesario a la tensión subyacente. En todo caso, el humor está colocado de manera tal que no disipa el dramatismo general, no corta la inspiración ni sabotea del todo ese tono oscuro que rodea como una niebla a los protagonistas durante toda la obra.
Un viaje físico implica casi siempre también un viaje moral, principio que se aplica en esta obra. Más allá del misterio, más allá del humor, Más allá del jardín abunda en redención, desde las historias menores hasta las de nuestros protagonistas. Una vez más, el Leñador, personaje aparentemente secundario, es ejemplo de ello. La Bestia es la encarnación de los mayores horrores, pero llega un punto en que éste queda chico frente a los demonios propios que cada cual debe encarar. Resuelto lo propio, la Bestia queda reducida a un monigote que proyecta una sombra larga alimentada por una lámpara que uno mismo mantiene prendida. Es preciso aprender a caminar en la oscuridad.
Finalmente el rompecabezas queda completo y a la vista. Es un cuadro satisfactorio, pero no por eso cursi ni mucho menos aburrido, como ocurre a veces cuando una obra lo explica todo. La fantasía cunde y rebasa para inundar la realidad y un futuro que deja ganas de más episodios o temporadas. Pero algo así sería gula, y la gula es pecado capital, algo que la miniserie sabe bien y por eso termina donde debe terminar. No sobra ni un pelo.
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| Wirt, Greg (el de la tetera) y... ¿cuánto es que se llamaba el sapo? |
De todas maneras, si al igual que yo, aún le quedan ganas de algo más, existe un episodio piloto realizado el 2013. Éste nos muestra una historia aparte y algunas diferencias en los rasgos de la animación, pero por ahí a alguien le sirve para despedirse de Greg, Wirt y Beatrice y agradecerles por el buen rato.
Pendientes (grrr):
- 500 days of summer
- Good Will Hunting
- El gran Lebowski
lunes, 31 de agosto de 2015
Película: Valiente (2012)
Valiente (título original: Brave), película de animación digital coproducida entre Disney y Pixar, cuenta la historia de Mérida, una princesa adolescente de la Escocia medieval. Arco y flecha en mano, Mérida cabalga por los bosques y los montes en libertad, hasta que se entera de que será comprometida con uno de los primogénitos de los clanes a punto de rebelarse contra su rey padre. La chica de rizos de fuego intentará entonces hacerle el quite a su destino como moneda de intercambio Lévi-Strauss style, valiéndose de cualquier medio: la flecha, el bosque, la ruptura...Recuerdo que en su momento se ganó varios comentarios sobre lo novedoso de presentar a una princesa rebelde, prácticamente una figura feminista en el cine infantil. Sin embargo, creo que su premisa, si bien sigue siendo poco usual, no es tan original como el color que le dieron. No hay que olvidar que antes, hace más de diez años, Mulán ya había abierto la puerta a las princesas-heroínas, y dos años antes, en el 2010, Enredados había aportado lo suyo con su versión del clásico infantil Rapunzel. Esta originalidad se diluye un poco más si observamos otro punto común entre las tres antiprincesas, que es una amistad íntima con sus caballos. Curioso.
Pero, bueno, pa' qué tan talibán de la novedad. Desde ya hay cierto mérito en las películas que sacuden nuestros tópicos más caros pero que sostienen formas de dominación. Y si hablamos de películas infantiles, y que además tienen un espacio en la industria cultural hegemónica, entonces el mérito es doble. Bienvenida seas, Mérida.
Desde luego, Disney sigue mapeando mundos exóticos (para ellos), pero en esta ocasión es más sobrio. Me imagino que la mitología escocesa debe ser riquísima, como en cualquier otro lugar del mundo, pero aquí se reduce a los megalitos onda Stonehenge y al fuego fatuo, elemento que a pesar de estar presente de principio a fin, pienso que le faltó personalidad.
La factura técnica es notable, debe haberse visto precioso en la pantalla gigante 3D, aunque quedé con gusto a poco. Siento que un poco más de protagonismo hubiera estado bueno, pero supongo que decidieron enfocarse en la historia, lo que me parece justo porque en general está bien tejida. Los paisajes y escenarios son realistas, bien detallados, un lujo visual que logra evocar los bosques húmedos, las montañas brumosas... un poco como la Füta Karü Mawüsam de nuestro Fütawillimapu profundo. Por ahí me pregunto, ¿llegaremos alguna vez a ver una princesa Disney huilliche?
![]() |
| Mérida y un oso (guiño) paseando por los bosques de Tril Tril. |
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Pendientes de comentar:
- Over the garden wall. ¡La ví y aluciné! *0*
- 500 days of summer.
- 500 days of summer.
sábado, 29 de agosto de 2015
Película: Cinema Paradiso (1988)
Connotada película ésta. La vi un poco cuando chico pero dado mi corto intervalo de atención en ese entonces (lo que me impidió seguir Dragon Ball y los Caballeros del Zodíaco), sólo recuerdo unos cuantos trozos, aunque memorables todos ellos. Sin embargo, hace poco saldé esta cuenta y creo que hice bien.
Cinema Paradiso es un clásico y su calidad es indiscutible. No sólo es ambiciosa, sino que su ejecución es excelente en muchos aspectos, resultando en un conjunto súper efectivo y satisfactorio. Por esto mismo es que no tengo mucho que decir sobre esta película. Ella lo dice todo, porque además tiene un lenguaje directo, algo que no hace mella en su complejidad sino que le permite conversar con varios públicos.
Me gustan mucho este tipo de películas que recorren la vida de sus personajes (aquí pienso en Boyhood, por ejemplo). Uno se siente un poco como un espíritu que después de morir se dedica a ver cómo el mundo sigue su curso, y en particular cómo sus seres queridos van creciendo, cómo van cambiando, casi como si uno mismo estuviera criándolos, sufriendo sus penas y riendo sus alegrías, aunque sin poder intervenir en ellas. Así me pasó con Cinema Paradiso, donde más que seguir a Totó, somos espectadores de su longeva amistad con Alfredo, desde sus días de pequeño metiche hasta el funeral del viejo y su cine, que llegó a sacarme unas lágrimas huachas.
Encontramos aquí un potente homenaje al cine, a su capacidad de reunir a las personas, de suscitar emociones y, de manera muy importante, pienso yo, a la vocación del arte en general como agente de memoria.
Es común que las canciones acompañen y marquen etapas e hitos de nuestras vidas. Sin embargo, yo diría que en el caso de las películas, este rol es más activo. Éstas no sólo sirven como fondo que adquiere sentido por su presencia más o menos circunstancial en loa momentos más relevantes, sino que ellas mismas se erigen como recuerdos por mérito propio, en diálogo con nuestros recuerdos reales. Aquí, Cinema Paradiso gana por partida doble, gracias a la espléndida música de Ennio Morricone y su hijo Andrea. El acople de todos los elementos es preciso, dando origen al entrañable retrato de un pueblo siciliano de mediados del siglo pasado. Tratándose de un contexto tan lejano al mío en tiempo y espacio, ¿cómo es posible que me haya logrado emocionar cuando la vi siendo niño? El arte y su capacidad de estesis.
Cinema Paradiso es un clásico y su calidad es indiscutible. No sólo es ambiciosa, sino que su ejecución es excelente en muchos aspectos, resultando en un conjunto súper efectivo y satisfactorio. Por esto mismo es que no tengo mucho que decir sobre esta película. Ella lo dice todo, porque además tiene un lenguaje directo, algo que no hace mella en su complejidad sino que le permite conversar con varios públicos.
Me gustan mucho este tipo de películas que recorren la vida de sus personajes (aquí pienso en Boyhood, por ejemplo). Uno se siente un poco como un espíritu que después de morir se dedica a ver cómo el mundo sigue su curso, y en particular cómo sus seres queridos van creciendo, cómo van cambiando, casi como si uno mismo estuviera criándolos, sufriendo sus penas y riendo sus alegrías, aunque sin poder intervenir en ellas. Así me pasó con Cinema Paradiso, donde más que seguir a Totó, somos espectadores de su longeva amistad con Alfredo, desde sus días de pequeño metiche hasta el funeral del viejo y su cine, que llegó a sacarme unas lágrimas huachas.
Encontramos aquí un potente homenaje al cine, a su capacidad de reunir a las personas, de suscitar emociones y, de manera muy importante, pienso yo, a la vocación del arte en general como agente de memoria.
Es común que las canciones acompañen y marquen etapas e hitos de nuestras vidas. Sin embargo, yo diría que en el caso de las películas, este rol es más activo. Éstas no sólo sirven como fondo que adquiere sentido por su presencia más o menos circunstancial en loa momentos más relevantes, sino que ellas mismas se erigen como recuerdos por mérito propio, en diálogo con nuestros recuerdos reales. Aquí, Cinema Paradiso gana por partida doble, gracias a la espléndida música de Ennio Morricone y su hijo Andrea. El acople de todos los elementos es preciso, dando origen al entrañable retrato de un pueblo siciliano de mediados del siglo pasado. Tratándose de un contexto tan lejano al mío en tiempo y espacio, ¿cómo es posible que me haya logrado emocionar cuando la vi siendo niño? El arte y su capacidad de estesis.
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